Su Majestad No Debe - Capítulo 12: El Ejército del Norte

 

Capítulo 12: El Ejército del Norte

Xiao Rong se volteó instintivamente hacia los guardias y notó que estos le hacían una reverencia al anciano antes de volver a su puesto, impertérritos, vigilando la entrada.

Aunque Xiao Rong ya intuía quién era, se acercó con cierta incredulidad.

Al entrar en el ala lateral, vio que no había nadie más. El anciano cerró la puerta, miró detenidamente a Xiao Rong como si fuera su propio nieto y suspiró con una sonrisa: "Es cierto, es como una joya de jade".

Xiao Rong: "..."

Aunque eran un halago, las palabras sonaban extrañamente melancólicas.

Luego, el anciano se presentó: "Mi apellido es Gao, y mi nombre, Xunzhi".

Xiao Rong ya lo había adivinado. Se apresuró a hacer una profunda reverencia: "¡Canciller Gao!"

Gao Xunzhi agitó la mano: "Ay, no hace falta que me llames Canciller. Basta con que me digas Señor Gao. Ven, ven por aquí".

Dicho esto, Gao Xunzhi se dirigió primero hacia la pared. Esta ala lateral era tan austera como la principal: estaba vacía y en la pared colgaban varios arcos y cueros para su mantenimiento. Gao Xunzhi levantó uno de los cueros, revelando una rendija en la pared por donde se filtraba la luz.

Luego, le habló a Xiao Rong en voz baja: "El año pasado, la furia de Su Majestad fue tal que volteó la mesa y lanzó un arma que atravesó la pared. Los artesanos que la repararon hicieron un mal trabajo y dejaron esta rendija. Es perfecta para escuchar".

Xiao Rong: "............"

Estaba completamente desconcertado: "Pe-pero, ¿esto no va en contra de las reglas?"

Gao Xunzhi ya había pegado la cabeza a la rendija. Al oírlo, lo miró extrañado: "¿Y acaso es más reglamentario espiar bajo la mirada de los guardias?".

Xiao Rong se quedó en blanco, luego cerró la boca y pegó también su cabeza a la pared.

La verdad es que se escuchaba mucho más claro que desde la puerta principal.


Al otro lado de la pared, en el salón principal.

Qu Yunmie: "¿Estás seguro de que es él?".

Yuan Baifu: "Aunque no lo vi, tras el interrogatorio, la gente de los clanes menores dijo que uno de los que solían visitarlos para persuadirlos tenía una cicatriz larga en la cara y un gran lunar negro en la mano derecha".

Qu Yunmie se quedó en silencio por un momento. Xiao Rong no escuchó ningún movimiento, así que se asomó por la rendija. Desafortunadamente, solo podía ver el suelo, no a las personas dentro.

Qu Yunmie: "¿Dónde está ahora?".

La voz de Yuan Baifu denotaba un poco de nerviosismo: "Este humilde servidor lo ignora..."

Qu Yunmie: "¿Cuándo escapó?".

Yuan Baifu: "Huyeron con el pretexto de informar al Maestro y solicitar refuerzos después de que la ciudad de Shenli cayera".

Qu Yunmie: "¿Entonces por qué no le ordenaste a un soldado de confianza que me enviara un mensaje?".

Yuan Baifu: "Mi Señor, un simple Li Xiuzheng..."

¡Bang!

Un ruido ensordecedor resonó, asustando a Xiao Rong hasta el punto de hacerlo saltar.

Gao Xunzhi, concentrado en escuchar, le palmeó la espalda con gran familiaridad, un gesto tan tierno que parecía el abuelo perdido de Xiao Rong.

Xiao Rong: "..."

Tras un momento, se obligó a concentrarse en lo que ocurría dentro.

Qu Yunmie: "¡Yuan Baifu! ¡Ignoraste mis órdenes militares! ¡Debías informarme de inmediato si tenías información sobre el paradero de Li Xiuzheng! ¡Ahora que escapó, ¿cuál debe ser tu castigo?!"

Yuan Baifu acababa de mencionar que Li Xiuzheng había huido el día de la caída de Shenli, y cuando él llegó, ya había caído no solo Shenli sino también la Comandancia de Jiangyang.

Cuando Qu Yunmie se puso de pie, Yuan Baifu, por reflejo, se arrodilló a medias. Apretó los labios y respondió rápidamente: "Li Xiuzheng es un hombre rencoroso y mezquino. En estos años, ha sido como un perro callejero, buscando refugio en muchas facciones, pero nunca permanece mucho tiempo en una. Ahora se ha rebajado a ser un lacayo de la Secta Brisa Pura. Su Majestad es el Rey Protector del Norte; no debería dejarse llevar y alarmarse por un insignificante como él".

Qu Yunmie: "¡No necesito que me digas qué debo hacer!"

Al escuchar esa voz cargada de verdadera ira, Yuan Baifu apretó los dientes, se contuvo una y otra vez, y finalmente cedió.

Cabizbajo, tragó su orgullo y dijo: "Sí, Su Majestad tiene razón. Fue una osadía de este humilde servidor".

Qu Yunmie, furioso, caminaba de un lado a otro en el salón principal. Deseaba atrapar a Li Xiuzheng, pero después de tantos días, el hombre se había esfumado. La única pista, la Secta Brisa Pura, tenía tentáculos extendidos por todo el centro del país.

Cada vez más irritado, Qu Yunmie pateó una mesa cercana, rompiéndole una pata de madera maciza, y luego rugió: "¡Fuera!"

Yuan Baifu no dijo ni una palabra. Se levantó y se marchó sin rodeos. Sabía cómo era Qu Yunmie; a él no se le podía aconsejar, pues cuanto más lo hacían, más se irritaba. Había que dejarlo solo.

Yuan Baifu se fue, pero Qu Yunmie permaneció en la estancia, y el estruendo continuó.

Xiao Rong escuchó atónito el ding, dong, clang del otro lado. Después de un buen rato, en el que pareció haber destrozado todo lo que pudo, Qu Yunmie abrió la puerta de golpe y salió a grandes zancadas.

En ese momento, Xiao Rong sintió un mareo. Perdió el equilibrio y casi se cae contra la pared.

Gao Xunzhi lo sostuvo de inmediato, mirándolo con preocupación: "Señor Xiao, ¿se encuentra bien?".

Temiendo que su rey lo hubiera asustado hasta enfermarlo, Gao Xunzhi se apresuró a interceder por Qu Yunmie: "Lo de hoy fue por una causa justificada. Su Majestad no suele ser así. Espero que el Señor Xiao pueda ser comprensivo..."

Xiao Rong recuperó el equilibrio y agitó la cabeza: "Estoy bien, gracias por su preocupación, Canciller. Eh, ¿sabe quién es ese Li Xiuzheng del que hablaban?".

Al oír la pregunta, Gao Xunzhi suspiró: "Hace diez años, él era el comandante en jefe del Ejército Protector del Norte, el Ejército del Norte".


Saber de historia no es lo mismo que conocer a las personas que la vivieron.

Al final, los que quedan registrados son muy pocos. La mayoría se desvanece con el tiempo, junto a sus cuerpos.

Li Xiuzheng era, tal como dijo Yuan Baifu, un total canalla. No hizo nada bueno en su vida, así que era lógico que no fuera recordado. Pero ¿quién habría pensado que jugaría un papel tan crucial en el desarrollo del Ejército Protector del Norte?

Sin él, la Brigada Protectora del Norte, nombrada y formada por el padre de Qu Yunmie, jamás se habría rebautizado repentinamente como la Brigada del Norte, ni su naturaleza habría cambiado de una milicia civil de autodefensa a la jauría dispuesta a hacer el trabajo sucio del imperio.

Sin él, el Ejército Protector del Norte no habría sufrido tantos años de penurias, ni habría soportado las burlas de la corte y de las familias aristocráticas que protegían. Ellos los llamaban nido de parias, fuerza militar de desecho, cuya pérdida no importaba.

Sin él, y sin su avaricia, la vieja guardia del Ejército Protector del Norte no se habría desgastado tan rápido, y el hermano mayor de Qu Yunmie, el heredero que se había preparado por más de una década y era admirado por todos, no habría sido traicionado por él y asesinado por la caballería Xianbei.

Para Xiao Rong, esta sensación era difícil de comprender.

A sus diecinueve años, nunca había sido subordinado ni había tenido un empleo. No sabía lo que se sentía esforzarse hasta el límite mientras un superior se empeñaba en arruinarlo.

Tampoco comprendía del todo el dramatismo de un cambio de vida tan abrupto, cuando los buenos tiempos terminan de un día para otro.

Gao Xunzhi ya se había enterado de lo que Xiao Rong había hecho en los últimos días. Al saber que el Rey escuchaba sus palabras, Gao Xunzhi se alegró inmensamente y confió en él de inmediato. Por eso, no ocultó nada y le contó todos esos detalles que no le revelaría a nadie más.

Diez años antes, el Ejército Protector del Norte llegó a un punto de inflexión. Tras esa terrible guerra, solo quedaron unos cinco mil hombres. Qu Yunmie, que apenas tenía catorce años, salió arrastrándose del baño de sangre y huyó con los sobrevivientes. Una responsabilidad que no le correspondía cayó sobre sus hombros. Es cierto que la invasión Xianbei no fue culpa de Li Xiuzheng, pero la muerte del hermano mayor de Qu Yunmie fue totalmente su responsabilidad.

Durante una década, Qu Yunmie había querido vengar a su hermano, pero nunca había logrado atraparlo.

Gao Xunzhi le advirtió a Xiao Rong que dejara a Qu Yunmie solo esa noche y que no fuera a interponerse en su camino. Le dijo que él iría a ver cómo estaban las cosas al día siguiente y que luego le avisaría si podía ir a verlo.

Xiao Rong asintió sin dudar, pero tan pronto como Gao Xunzhi se fue, él fue a buscar a Qu Yunmie.


Desde hace un rato, se sentía mareado. Tal vez tenía que ver con Li Xiuzheng, o tal vez no, pero el principio de Xiao Rong era: más vale prevenir que lamentar.

Xiao Rong, con la cabeza aturdida, llegó a la base del Paso Yanmen.

Había estado en la Comandancia de Yanmen por un buen tiempo, pero era la primera vez que se acercaba personalmente al paso. Levantó la cabeza para admirar la majestuosa muralla. Xiao Rong tomó una respiración profunda y se resignó a empezar la escalada.

Llegó al pie al atardecer, y cuando por fin coronó la muralla, ya era de noche.


Honestamente, Xiao Rong sintió que se le iba la vida.

Se cubrió el pecho jadeando, al borde del colapso. Esta fue la razón por la que los soldados de guardia no lo detuvieron. Lo miraron con sospecha, preguntándose qué demonios pretendía ese hombre.

En cuanto a interrogarlo... mejor no. Temían que apenas se acercaran, Xiao Rong cayera desmayado.

¿Qué harían si se les moría?


Qu Yunmie estaba sentado en el lugar más desolado de la torre del paso, mirando hacia el norte, en dirección a los Xianbei y a Shengde, la capital del clan Murong.

Qu Yunmie lo observaba con el ceño fruncido. Nadie sabía lo que pensaba. Justo cuando su mente se sumergía en pesados pensamientos, escuchó un sonido cercano que se hacía cada vez más fuerte.

"Huff... huff... voy a morir aquí..."

Qu Yunmie: "..."

Frunció el ceño, se acercó a la escalera lateral y vio a un hombre colgando en el recodo. La parte superior de su cuerpo estaba apoyada en la pared, mientras que la inferior pendía sin fuerzas, como un fideo. Después de un momento de recuperación, el hombre se disponía a seguir subiendo aferrándose al muro, cuando vio a Qu Yunmie de pie, en la cima. Sus ojos se iluminaron al instante.

"¡Mi Señor! ¡Espere un momento, mi Señor! ¡Ya voy subiendo!"

Qu Yunmie: "..."

Si esperaba a que subiera, amanecería.

Viendo el rostro empapado en sudor de Xiao Rong, Qu Yunmie lo miró con exasperación por un rato, pero finalmente bajó y, condescendiente, lo subió a la fuerza.

Xiao Rong no se preocupó por formalidades. De verdad, no tenía fuerzas. Tan pronto como se encontró cerca del fuerte Qu Yunmie, la mitad superior de su cuerpo se rindió y su cabeza se apoyó sin control contra el pecho del Rey. Qu Yunmie vestía pocas capas, y la tela era delgada. Al sentir el contacto, su cuerpo se puso rígido al instante, y se quedó totalmente inmóvil.

Xiao Rong seguía jadeando como un perro. Al sentir que se detenía, giró la cabeza con curiosidad: "Mi Señor, ¿por qué se detuvo?".

Como ya estaban en la cima, Qu Yunmie bajó la mirada. Al ver los ojos húmedos y brillantes de Xiao Rong, reaccionó como si algo sucio lo hubiera tocado. Lo empujó de inmediato, con una expresión de absoluto asco en el rostro: "¡Para qué escala un paso si está tan débil! ¡A ver si se desangra de una vez por tan necio!"

Xiao Rong: "..."

¡Qué rápido cambia de humor!

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