RSCB Extra 3 - El jardín del Loto
Extra 3
Naturalmente, fue Xuan Wushe quien salvó a Lin Zhan y se lo llevó consigo. Lo guio hasta un carruaje tirado por serpientes donde Lin Zhan, con el cabello revuelto y la ropa desordenada, se apoyó en sus brazos, dedicándole una sonrisa cargada de coquetería.
Xuan Wushe, manteniendo su expresión gélida, observó al joven. Era evidente que no provenía de una familia de alcurnia. Por un instante, un destello de arrepentimiento cruzó su mente.
¿Cómo pude ser tan ciego como para prendarme de algo tan ordinario?
Cuando Xuan Wushe se irritaba, solía descargar su malestar en los demás; con su estatus y nivel de cultivo, no tenía necesidad de reprimir sus impulsos. Por ello, cuando sus subordinados le consultaron qué hacer con aquel burdel, respondió sin vacilar: —Acaben con él.
Ni siquiera reducirlo a cenizas parecía suficiente para aplacar su ira.
La piel de Lin Zhan era tan blanca que, al excitarse, un tenue rubor rosado se traslucía bajo la superficie. Sus ojos entrecerrados, sus labios húmedos y su postura descuidada, con la túnica revelando la mitad de su cuerpo, eran una invitación directa al deseo. Xuan Wushe estiró la mano y acarició suavemente su rostro.
—¿Cuál es tu nombre? —preguntó.
—Mi nombre es Lin Guangling —respondió Lin Zhan.
—Nunca he oído hablar de ti. Lin Zhan sonrió con audacia.
—Yo tampoco había oído hablar de ti. Xuan Wushe se inclinó, buscándole la mirada.
—Eso es porque eres un ignorante.
Lin Zhan rió con más ganas; aquel hombre le resultaba fascinante. Sin dudarlo, rodeó el cuello de Xuan Wushe con sus brazos.
—Benefactor, me dieron una medicina. Siento que el cuerpo me arde, es insoportable. ¿Conoces alguna forma de aliviar este calor?
Xuan Wushe le apretó la barbilla con firmeza.
—El Clan de las Serpientes es la raza más promiscua de las Nueve Tierras; son lujuriosas por naturaleza. He visto a muchos hombres y mujeres de ese clan, varios más hermosos que tú, pero jamás a uno tan desvergonzado.
Lin Zhan se mofó internamente. Hay tantas cosas que no has visto... ¿Crees que esto es obscenidad? ¿Acaso has vivido una vida tan pura y carente de deseos?
Pese a las críticas, Lin Zhan mantuvo la sonrisa. —No pareces alguien sin importancia —replicó—. Y como tienes estatus, imagino que solo tratas con gente de tu nivel. Señor Daoísta, ¿sabías que cuanto más alto es el rango de una persona, más oculta sus instintos? Bajo las telas finas, ¿quién sabe cuántas bestias se disfrazan de hombres?
Xuan Wushe lo escrutó en silencio antes de sentenciar:
—Eres un buen conversador, pero no sé a cuántas personas terminarás ofendiendo.
—¿He ofendido al Señor Daoísta? —Lo sabrás en un momento.
Lin Zhan no tardó en comprender a qué se refería. Xuan Wushe resultó ser una bestia que ni siquiera se molestaba en ocultar su naturaleza. Lo llevó a un patio privado y, tras arrojarlo a una piscina termal para lavarlo a fondo, lo reclamó allí mismo, devorándolo sin contemplaciones.
Más tarde, cuando Lin Zhan estaba a punto de perder el conocimiento, Xuan Wushe lo sacó del agua, abrió la puerta de la habitación de una patada y continuó con aquel libertinaje que parecía complacerlo tanto física como mentalmente. A Lin Zhan le gustaba reír, pero Xuan Wushe prefería verlo quebrar; amaba el sonido de sus gemidos ahogados por las lágrimas. Aquella visión lo volvía incapaz de contenerse.
Lin Zhan había despertado un instinto primario en el Soberano. Una bestia salvaje se había liberado de sus cadenas y, tras años de represión, la naturaleza tiránica de Xuan Wushe encontró finalmente una salida. Lin Zhan sintió dolor al principio, pero pronto se transformó en placer. Siempre honesto con sus deseos, y habiendo elegido él mismo a Xuan Wushe, se entregó a la actividad con un entusiasmo que dejó al Soberano bastante satisfecho.
Sin embargo, la resistencia de Lin Zhan era limitada. Su Dantian estaba vacío y apenas conservaba un rastro de Qi, mientras que Xuan Wushe era la figura suprema de la Tierra del Este. Por eso, cada vez que Lin Zhan despertaba tras desmayarse, se encontraba con que el Soberano aún no había terminado.
Al final, Lin Zhan suplicó entre sollozos que se detuviera. Xuan Wushe besó sus párpados con una sonrisa siniestra.
—En este momento —susurró—, las bestias solo obedecen a sus deseos.
Me he cavado mi propia tumba, pensó Lin Zhan antes de rendirse.
A partir de entonces, quedó confinado en el patio de Xuan Wushe como su juguete personal. Aunque lo llamaban "Señor Guangling", Lin Zhan no ignoraba el sarcasmo en las voces de las sirvientas. Solo más tarde descubrió que su amante era el mismísimo Soberano del Este.
No solo me va bien, sino que he ganado la lotería, pensó con ironía. Xuan Wushe lo superaba en todo: físico, estatus y poder. Si Lin Zhan no fuera tan pobre en ese momento, incluso habría considerado recompensarlo. A él no le importaban las críticas; desde niño lo habían llamado "el perro del Maestro" y él simplemente lo disfrutaba. Lo importante era ser feliz.
No obstante, su felicidad se esfumó tras tres meses de ausencia del Soberano. —¿Acaso Xuan Wushe está tan ocupado? —preguntó a una sirvienta—. ¿O es que ya me olvidó?
—Debería referirse a Su Majestad con el respeto debido —respondió ella, impasible.
—Quiero verlo. Este lugar es aburrido.
—Su Majestad atiende asuntos importantes; es normal que no recuerde este rincón.
—Entonces quiero salir. —Solo puede salir con el permiso de Su Majestad.
Lin Zhan perdió la paciencia.
—¡Solo quiero aire fresco! ¿También necesito su consentimiento para eso?
—En la Tierra del Este hay reglas —sentenció la criada con frialdad—. Haga lo que el Soberano ordene. Si está aburrido, puede cultivar para pasar el tiempo.
¿Cómo espera que cultive?, pensó Lin Zhan con amargura. Si aún pudiera hacerlo, no estaría tan desesperado. Un miedo repentino lo asaltó. Si realmente me ha olvidado, ¿pasaré los próximos cien años aquí hasta convertirme en polvo? El Jardín del Loto era hermoso, pero no podía compararse con la libertad del mundo exterior. Además, extrañaba a aquel hombre.
Lin Zhan era alguien con estándares estrictos; si Xuan Wushe no le gustara, habría preferido morir antes de dejar que lo tocara.
—Ve a informar a Su Majestad, ahora mismo —ordenó.
La sirvienta regresó poco después con noticias desalentadoras. —Los allegados de Su Majestad informan que ha partido en un viaje de tres a diez años. La fecha de regreso es incierta.
—¿Y yo? ¿Puedo irme? —preguntó Lin Zhan, conmocionado.
—De ninguna manera.
Frustrado, intentó escapar varias veces, pero sus nulas habilidades de combate lo hacían blanco fácil para las criadas. Tuvo que cambiar de estrategia. Usó los tesoros que Xuan Wushe le había enviado para sobornar a un guardia, no para ver al Soberano, sino para enviar una carta a Zhuang Xinglan. Él no era de los que se sentaban a esperar la muerte.
Sin embargo, antes de recibir respuesta de Zhuang Xinglan, fue Xuan Wushe quien irrumpió en la habitación. Su rostro estaba más gélido que nunca y, nada más entrar, lo sujetó del cuello.
—¿Estás teniendo un amorío con mi mano derecha?
Los otros dos se quedaron sin palabras.
Para Xuan Wushe, Lin Zhan había sido un capricho. Lo dejó en el jardín porque sus subordinados preguntaron qué hacer con él. Como Soberano, su tiempo estaba consumido por las intrigas del Clan Xuan. Aunque en la soledad de la noche recordaba con agrado sus encuentros íntimos, no era nada serio.
Hasta que Zhuang Xinglan apareció exigiendo ver a Lin Zhan. Xuan Wushe leyó la carta interceptada y sintió una mezcla de asombro e ira ante las palabras del joven: "Ayuda. Sácame de aquí y te lo pagaré con todo lo que tengo".
Zhuang Xinglan le explicó que, tras la desaparición de Lin Zhan de su residencia, se sintió responsable.
—Creí que el cielo me había enviado una esposa, pero escapó —había comentado Zhuang durante una cena.
—Dime quién es y te ayudaré a recuperarla —había prometido Xuan Wushe sin saber de quién se trataba.
Ahora, el Soberano miraba a Lin Zhan, quien mantenía una expresión de fingida inocencia.
—¿Eres la persona de Zhuang Xinglan? —preguntó con voz peligrosa.
Lin Zhan negó frenéticamente.
—¿No?
Lin Zhan asintió con rapidez.
—¿Alguna vez has tenido intimidad con él?
Con los ojos empañados por las lágrimas, Lin Zhan volvió a negar.
—No —logró articular con voz entrecortada.