RSCB Extra 5 - Lin Zhan


Extra 5

Lin Zhan

Cuando Xuan Wushe pronunció aquellas palabras, Lin Zhan sintió de pronto que en el mundo de ese hombre cabían los mares y las estrellas, las montañas y los arroyos. Se descubrió amando profundamente a aquel hombre infantil que tenía frente a él; poseía un corazón bondadoso, una cualidad extraña y preciosa entre los cultivadores.

—Aquellos que mataron al zorro rojo de Su Majestad... ¿qué fue de ellos? —preguntó Lin Zhan en voz baja.

Xuan Wushe resopló con frialdad.

—Más tarde, logré capturar un cachorro de Serpiente Relámpago tras mucho esfuerzo. Es una bestia demoníaca que parece pequeña y linda, pero su poder de ataque es devastador. Como esperaba, esos ignorantes no la reconocieron y se la llevaron para jugar mientras yo estaba fuera. La serpiente los mató a todos. Cuando sus familiares vinieron a pedirme explicaciones, hice que los expulsaran a todos, recuperé a la serpiente y la liberé en el territorio de las bestias.

Lin Zhan guardó silencio. Bueno, qué ciego fui al creer por un momento que tenía buen corazón.

Xuan Wushe lo miró, a punto de decir algo, pero al notar una sola cana en las sienes de Lin Zhan, las palabras se le olvidaron.

—¿Qué sucede? —preguntó el joven.

—Tienes un cabello gris. —Xuan Wushe levantó la mano y pellizcó el mechón blanco.

Lin Zhan lo miró con indiferencia.

—El nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte son parte de la naturaleza humana.

Al ver su tranquilidad, Xuan Wushe frunció el ceño y se incorporó.

—¿Cuántos años tienes?

—Probablemente esté en mis treintas.

—Solo tienes treinta y tantos años... —Xuan Wushe lo escrutó—. ¿Cómo puedes estar tan resignado?

Lin Zhan sonrió mientras se apoyaba en el pecho del Soberano y lo rodeaba por la cintura.

—La inmortalidad y la vida eterna son el sueño de todos, pero luchar contra el cielo es agotador. Solo quiero ver a mis seres queridos cada día y hacer lo que me gusta mientras viva. Quiero vivir de tal forma que, cuando llegue la muerte, no tenga arrepentimientos. Con eso me basta.

—Seguro que tienes la mente abierta —se burló Xuan Wushe, aunque luego su voz se volvió seria—. Pero yo no quiero que mueras. Quiero pasar cien, mil o incluso diez mil años contigo. Quiero que estés a mi lado.

Aquella fue, probablemente, la frase más tierna que Xuan Wushe le había dedicado jamás. Lin Zhan pensó después que, de no haber estado el Soberano tan borracho aquel día, jamás habría sido capaz de admitir algo así.

Sin embargo, en cuanto Xuan Wushe recuperó la sobriedad, su actitud cambió drásticamente. Primero, evitó a Lin Zhan durante mucho tiempo, como si lo hubiera olvidado, y luego, sintiendo que descuidarlo no era correcto, envió una montaña de armas mágicas, píldoras y piedras espirituales.

Si esto hubiera ocurrido al principio, Lin Zhan habría pensado que el Soberano estaba perdiendo la paciencia, pero ahora ya conocía bien su temperamento. No pudo evitar soltar una carcajada.

Xuan Wushe es un adulto, pero es tan tímido como un niño.

Seguramente recordaba las cursilerías que soltó borracho y, en un ataque de vergüenza o ira consigo mismo, decidió ignorarlo hasta que se le pasara el sofoco.

¿Cómo puede existir alguien tan extraño y divertido?, pensó Lin Zhan, aceptando todos los regalos y dedicándose a pasear por las montañas, admirando las flores y la luna, disfrutando de una vida sumamente cómoda.

✧✧✧

Aunque Xuan Wushe no se presentaba en el jardín, escuchaba a diario los informes de sus guardias de la sombra.

—Hoy, el señor Guangling fue al Mercado del Este, compró carne de mejillón y preparó pescado a la parrilla él mismo.

—¿Y qué sabor tenía? —preguntó Xuan Wushe. El guardia, que era un hombre directo, respondió:

—Estaba delicioso. Crujiente por fuera y tierno por dentro.

Xuan Wushe lo miró con frialdad.

—¿Acaso lo probaste? El guardia se tensó.

—El señor Guangling compartió la comida con nosotros. Dijo que había comprado demasiada y que no quería que se desperdiciara.

Xuan Wushe se sintió repentinamente infeliz. Observó al apuesto guardia, sintiéndose ofendido. Ni siquiera él había probado la cocina de Lin Zhan, y sus subordinados ya se daban banquetes con ella. ¿Cómo podía ser tratado peor que sus propios guardias?

—A partir de hoy, ya no tendrás que protegerlo. El guardia mostró una clara renuencia.

—¿Por qué? ¿Acaso te opones? —La voz del Soberano se volvió peligrosamente baja.

—Es solo que... la habilidad culinaria de Lord Guangling es excelente —admitió el guardia, lamiéndose los labios—. No solo el pescado, también prepara cerdo hervido, riñones salteados y tartas de huevo. Todo es exquisito. Su Majestad, por favor, déjeme seguir custodiándolo; aceptaré que me reduzca el salario a la mitad.

Xaun Wushe guardó silencio, se sentía más molesto que nunca. Al final, en lugar de bajarle el sueldo, ascendió al guardia y lo envió directamente con Zhuang Xinglan.

—Este chico tiene talento innato; deja que te sirva.

Zhuang Xinglan miró al guardia, que mordisqueaba una pata de pollo con fervor, y preguntó desconcertado:

—Su Majestad, ¿esto es una represalia? Ya le expliqué que no pasó nada entre Guangling y yo. Casarme con él fue solo una idea pasajera que él ni siquiera conocía.

—¿Acaso crees que soy un hombre de mente estrecha? —respondió Xuan Wushe con calma—. Ese mocoso no conoce el miedo, así que debería desempeñarse bien en el campo de batalla. Dale la oportunidad de demostrar su valía.

Zhuang Xinglan se rascó la cabeza. ¿Por qué siento que este pobre diablo ofendió gravemente a Su Majestad?

Tras deshacerse del guardia glotón, Xuan Wushe fue al Jardín de Loto con el pretexto de una visita personal. Antes de entrar, el aroma del arroz recién cocido inundó sus sentidos. Entró sin ser anunciado y encontró a Lin Zhan junto al lago. Las bestias demoníacas del patio, criaturas sin poder de ataque, rodeaban al joven meneando las colas y aullando con esperanza.

Lin Zhan sostenía a un gato demonio de un solo cuerno recién nacido, alimentándolo con un biberón improvisado. Xuan Wushe se detuvo detrás de él y se inclinó.

—¿Qué estás haciendo? Lin Zhan se sobresaltó, casi soltando la botella. Al ver quién era, sonrió.

—Le doy leche. Es un gatito que encontré en la calle y aún no puede comer solo. Xuan Wushe miró al pequeño ser con desprecio.

—Ni siquiera puede alimentarse solo. Qué bestia tan inútil. ¿Cómo es que sigue vivo?

—No digas eso —dijo Lin Zhan, acariciando al asustado animal—. ¿No existen los gatos demonio solo para ser lindos?

—¿Qué significa "ser lindo"?

—Exactamente lo que está haciendo ahora —rio Lin Zhan.

El Soberano observó cómo la criatura frotaba su cabeza contra la palma de Lin Zhan, maullando con descaro.

—No me gusta.

Lin Zhan dudó, pero terminó dejando al gatito en el suelo.

—Ve a jugar con tus amigos. Jugaré contigo cuando Su Majestad se haya ido. El gato demonio le dedicó a Xuan Wushe una mirada que pretendía ser feroz y huyó tambaleándose, mirando atrás con frecuencia.

—Ya no deberías vivir aquí —sentenció Xuan Wushe mientras levantaba a Lin Zhan en sus brazos.

—¿Por qué? Vivo bastante bien en este lugar.

Sí, vives demasiado bien, pensó el Soberano. Juegas con perros y gatos todo el día. Han pasado semanas y ni siquiera has preguntado por mí, como si no te importara.

—¿Por qué no quieres vivir conmigo en el palacio?

Lin Zhan se sorprendió, pero pronto recuperó su sonrisa.

—Me temo que mi estatus no es adecuado. Además, ya hay tres personas en su patio trasero. No me importa no verlas ahora, pero si tuviera que cruzarme con ellas y humillarme, habría conflictos.

—Ellas no se atreverán a molestarte.

—Pero yo no podré resistirme a causarles problemas —rio Lin Zhan, entrecerrando los ojos—. Su Majestad sabe que no me dejo intimidar. Aunque sé que no tiene una relación real con ellas, siguen teniendo un estatus oficial. Me hace sentir incómodo.

Xuan Wushe no esperaba que él mencionara a las concubinas. Pensó que Lin Zhan simplemente aceptaba la situación.

—Lo dejamos claro desde el principio —dijo Xuan Wushe—. Ellas no pueden impedirte nada.

—Al principio no me importaban porque solo sentía una ligera simpatía por usted —confesó Lin Zhan con su habitual honestidad directa—. Pero ahora, mis sentimientos han cambiado.

Lin Zhan esbozó una sonrisa algo triste y bajó la mirada.

—Aunque Su Majestad puede tomarlo como una simple queja. Al fin y al cabo, mis palabras no tienen peso; solo soy una mascota para calentar su cama.

—¿En qué se diferencian tus sentimientos de ahora con los de antes?

—No me atrevo a decirlo —fingió Lin Zhan con timidez. Xuan Wushe rio suavemente y le dio un golpecito en la frente.

—Ya has dicho de todo, ¿y ahora tienes miedo?

Al ver que Lin Zhan guardaba silencio, el Soberano cedió:

—Si me haces feliz hoy, las despediré a las tres cuando regrese al palacio para que no tengas que verlas. ¿Sabes qué hacer?

Los ojos de Lin Zhan brillaron con picardía.

—Lo sé. Su Majestad aún es un niño al que hay que convencer para que esté contento.

—... ¿Así es como intentas convencerme?

Je, hombres, pensó Lin Zhan.

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